Qué es y qué no es meditación
En los últimos años venimos escuchando con más frecuencia la palabra meditación y cada vez son más las personas que se acercan a ella por diversos motivos y con diversas expectativas. Esto provoca que en ocasiones no se entienda bien su propósito y por tanto no se sepa utilizar de la forma más provechosa.
La idea extendida es considerar la meditación como un ejercicio que tiene intención de buscar la paz interior, entendida como un silencio en nuestra mente, mayor calma y menos pensamientos. Esto lo buscamos especialmente cuando nos encontramos en estado emocional alterado o con una mente muy activa necesitada de “desconectar” por no encontrar ese espacio de silencio o no poder parar el parloteo incesante de nuestros pensamientos.
Si nos sentamos a meditar en ese estado alterado con anhelo de “desconectar” de la presión de nuestros pensamientos, el resultado será probablemente frustrante y un tanto agobiante. Es posible que no solo no obtengamos silencio interno sino que ese ruido se acreciente y le sumemos además la duda que con más frecuencia escucho: “¿lo estaré haciendo bien?”
Si entramos en ese circuito podemos caer en sentirnos incapaces y pensar que no podemos hacer meditación o que no es válida para nosotros. En el mejor de los casos puede ocurrir que después de un tiempo largo practicando meditación de forma regular o haciendo alguna terapia encaminada a mejorar algún aspecto, vuelves a caer en los mismos hábitos que tratabas de cambiar. Y de nuevo se pone en marcha el mismo circuito, el de pensar que no lo estás haciendo suficientemente bien. Aparece el desánimo y por tanto el abandono.
Por esto motivo es interesante que entendamos qué es y qué no es meditar. Con el fin de emplear la herramienta apropiada para lo que queramos obtener con ella.
Cuando queremos “meditar” todo aparece, o más bien, todo se nos muestra: ruidos molestos, molestias de cuerpo, picores, dolores, emociones conflictivas… Analicemos esta situación tan común.
Por una parte, esto sucede porque nuestra atención permanece en el momento presente, no está paseando libremente o enredada en acciones externas. Y este hecho de habitar el momento presente nos hace percibir lo que ya estaba pero no notábamos. Es decir que el ruido, la ropa sobre el cuerpo, el picor, el calor o el frio ya estaban ahí. No surgen porque te hayas puesto a meditar. Ya estaban antes de tu reacción a ellos. La atención es poderosa y donde no está tu atención no estás tú. Por ejemplo, estás tranquilo en el sofá de tu casa viendo una película y por la calle pasa el camión de la basura, como mucho subes el volumen hasta que pase y continúas en lo que estabas atendiendo. Sin embargo si te sientas a meditar y pasa ese mismo camión, el ruido te perturbará profundamente y tal vez reacciones con enojo pensando que no son horas para recoger la basura. Tienes por ello una reacción que te lleva a una emoción y te genera un conflicto interno.
Por otra parte, tu mente en su mecanismo interno valora como hacer para corregir esta molestia, demanda una acción que elimine esa incomodidad, como rascarse, cambiarse de ropa o apagar el ruido externo. Tu mente es reactiva y así ha sido entrenada. Quiere acciones externas que modifiquen su estado interno. Piensa que todo lo tiene que procesar o que solucionar para calmar su malestar. Eso sin duda, te hará sentir abrumado puesto que a muchas de esas incomodidades no podrás darles solución.
Si esto sucede puede que lejos de generar paz interna, la meditación te genere nuevos conflictos que se suman a los que ya tenías.
Ahora bien, en primer lugar el logro de paz interna no es el objetivo de la meditación, es la consecuencia de la meditación. La meditación es aceptar el ruido, el picor, la ropa y cualquier estímulo que nos aturde y trascenderlo, esto es, no dejarnos arrastrar por la reacción que esto puede provocar en nuestra mente. Tampoco es ofrecer resistencia y rechazar, es aceptar. Aceptar que hay ruido, que hay emociones y que hay conflicto. Aceptar que nuestra mente reacciona a ellos. Y en último término, y ese es el trabajo fino, la meditación tiene como objetivo romper el proceso por el que nos identificamos con ese ruido, esa emoción, ese conflicto y esa reacción en nuestro proceso mental habitual. Y una vez comienza a producirse esa ruptura, la paz surge. Nace del ser interno que nunca está en conflicto. El ego está en conflicto, se siente atacado y reacciona, el ser interno no tiene conflicto.
Si estás enojado o triste, el enojo o la tristeza probablemente hayan sido alimentados largo tiempo. Tu parloteo mental te lo viene recordando a cada momento sin apenas darte cuenta. Lo das de comer varias veces al día reaccionando en sucesivas ocasiones a tus propios pensamientos, y por tanto ha ido creciendo. No podrás deshacerte de ellos salvo que aceptes que están ya ahí, que eres tu quien los alimentas y reaccionas a ellos. Sé consciente en cada momento para no seguir haciéndolo, para modificar ese hábito y tarde o temprano esos pensamientos fastidiosos “morirán de hambre”. Cuando mueran sentirás alivio. Y de nuevo la paz surge.
Cuando en una meditación nos hablan de poner atención plena a las sensaciones corpóreas, a las reacciones del cuerpo y tratar de ampliar el espacio interior, se buscan que tus reacciones o emociones no te acorralen. Es decir, que debemos entender que ser consciente de lo que sentimos o pensamos es el primer paso del proceso de soltarlo.
Las emociones y pensamientos no son buenos ni malos. Ni positivos ni negativos.
La vida física en un cuerpo físico te va a generar siempre una respuesta mental o emocional. Yoga nos dice que debes conocer el proceso por el que surgen para no dejarte dominar por ello, pues tu Ser interno no está sometido a estos conceptos. No lo encarceles y empequeñezcas por cuestiones del ego. Miedo, ira, tristeza, apego, deseo, impaciencia… Es tu ego percibiendo una realidad con la que tiene conflicto y manifestándose de esa manera. Engancharte al proceso emocional que se despierta por el ego te mantiene en un espacio acotado en el cual tu Ser interno no experimenta su verdadera grandeza a través de esa paz y bienestar que con tanto ahínco buscas.
En resumen, podemos sacar varias reflexiones o conclusiones:
- La variabilidad de las meditaciones que están en el “mercado” puede generarnos confusión. En realidad todo proceso meditativo persigue el mismo fin: trascender el ego.
- No hay lugar al fracaso. No hay ningún ser defectuoso que no pueda sentarse en silencio a observarse a sí mismo.
Desde mi humilde punto de vista quizá se están expandiendo por la sociedad las prácticas antes que las reflexiones y comprensión profunda. La filosofía ha dejado de ser parte de nuestra vida, en ocasiones hemos dejado de hacernos preguntas y lamentablemente llega un momento en que no entendemos nada. Buscamos sin saber qué queremos.
Por este motivo recomiendo a cualquier interesado en aprender qué implica Ser humano, la lectura y estudio de las bases filosóficas de las técnicas que se practican. A veces textos clásicos, a veces sabios antiguos o contemporáneos. Sin duda de difícil comprensión pero esclarecedores de algunas de las dudas más comunes.
Y por supuesto la experiencia propia, no se aprende especulando ni leyendo ni estudiando ni hablando de ello. Se aprende practicando. Y si después de eso decides que no es para ti, sigue buscando, seguro que hay algo que se adapte a tu búsqueda.